Si, como el 63% de los franceses, prestas atención a tu peso, quizás ya sabes lo que es el peso ideal… ¡O puede que no! ¿A qué corresponde exactamente: al peso que deseas tener, a tu peso habitual o a las recomendaciones que proliferan por todas partes? Para saber todo sobre el peso ideal y cómo recuperarlo, ¡sigue leyendo!
¿Qué es el peso ideal?
1- Diferencia entre peso ideal y peso perfecto
Contrariamente a lo que podría pensarse, el peso ideal no corresponde al peso «perfecto». El peso «perfecto» es una especie de referencia, un indicador de salud. Se estima de forma muy sencilla mediante un índice que seguramente conoces: el Índice de Masa Corporal (IMC). Muy fácil de calcular, es la referencia en materia de estimación del peso. La fórmula corresponde al peso en kilogramos dividido por la altura en metros elevada al cuadrado. Por ejemplo: si mides 1,65 m y pesas 53 kg, tu IMC es de 53 / (1,65 x 1,65) = 19,47. Tu IMC se considera entonces normal. Eso sí, ten en cuenta que el IMC no deja de ser una referencia estadística: no distingue entre músculo y masa grasa, y no se aplica ni a las embarazadas ni a los niños. Por ejemplo, una deportista muy musculada puede tener un IMC elevado sin tener sobrepeso.
De hecho, la interpretación del IMC se realiza según una clasificación precisa, definida por la Organización Mundial de la Salud:
- Si el IMC es inferior a 16, se habla de delgadez severa: en ese caso es necesario consultar con un médico
- Si el IMC está entre 16 y 18,5, se trata de delgadez
- Entre 18,5 y 25, se considera una corpulencia normal
- Entre 25 y 30, se habla de sobrepeso
- Si el IMC está entre 30 y 35, se trata de obesidad moderada
- Entre 35 y 40, se considera obesidad elevada
- Por último, si el IMC es superior a 40, la obesidad se califica de mórbida o masiva
2- Entonces, ¿qué es el peso ideal?
Aquí reside toda la diferencia: el peso ideal es un dato puramente subjetivo. Se define más bien por una sensación: es el peso corporal con el que te sientes mejor. El peso ideal corresponde al peso en el que el movimiento, la resistencia y el bienestar son óptimos. Son los deportistas quienes mejor lo explican: en general saben muy bien a qué peso rinden más. De hecho, siguen su curva de peso con atención y establecen fácilmente una correlación entre su masa corporal y su rendimiento físico. Así, el peso ideal no corresponde ni a una norma, ni a un ideal inalcanzable, ni a una morfología, sino a una sensación… La de sentirse bien en tu propia piel.
Nuestros consejos para recuperar tu peso ideal
Primer consejo: come de forma equilibrada

De acuerdo, ¿pero qué significa exactamente? ¡Simplemente comer de todo, en cantidades razonables! Por supuesto, una alimentación equilibrada se basa en la variedad y lo natural: comer de todo no significa alimentarse de hamburguesas el lunes, de pizza el martes, de bagel el miércoles… y así sucesivamente. Comer de forma equilibrada se apoya en algunos principios:
- Cada grupo alimentario tiene su lugar en tu plato: una porción de hidratos de carbono (preferiblemente complejos y de bajo IG), una porción de proteínas (animales o vegetales), abundantes verduras variadas, un lácteo y una fruta.
- Lo hecho en casa siempre será mejor que cualquier plato preparado: sabes lo que contiene, disfrutas preparando tu comida y, en cuanto al sabor, ¡no hay comparación!
- No olvides el placer: porque comer es un acto vital, sí, pero también emocional. Si necesitas un pequeño capricho al final de la comida (¡pequeño, hemos dicho!), date el gusto. El enemigo del peso ideal es el exceso, no el alimento en sí.
- El sentido común es tu aliado: sabes perfectamente que conviene limitar los productos muy azucarados, muy grasos o muy salados. Por eso, evita consumirlos todos los días. Nada te impide comer un puñado de patatas fritas el sábado, ¡pero cuidado con el consumo diario y en cantidades desmesuradas!
Segundo consejo: reconecta con tus sensaciones
Recuperar tu peso ideal pasa por una alimentación equilibrada, pero también por respetar las sensaciones de tu cuerpo. Empezando por el hambre y la saciedad. En lugar de contar calorías, es mejor confiar en tu «barómetro» interior, ¡porque en principio funciona muy bien! Estómago que ruge, bajón de energía, dificultad para concentrarte: seguramente tienes hambre. La boca seca, en cambio, suele ser señal de sed. ¡Y cuando se tiene hambre, se come! Una vez en la mesa, come despacio, saboreando tu comida y haciendo pausas entre cada bocado. Cuando empieces a sentir menos apetencia por los alimentos y ya no te sepan tan bien, es el momento de dejar el tenedor. Estás saciada.
A esto, añadiremos también las emociones. ¿Por qué ese repentino deseo de picotear? ¿Es porque tienes hambre o sed, o porque estás triste, frustrada o cansada? Tomar conciencia de las emociones que te atraviesan puede ayudarte a entender qué hay detrás de esas ganas de picotear, sin juzgarte. Y si la comida se convierte en una fuente de angustia, de privaciones o de atracones que no puedes controlar, habla con tu médico: existe acompañamiento y pedirlo no tiene nada de vergonzoso.
Tercer consejo: muévete todos los días

A menudo (re)conocemos nuestro peso ideal en el esfuerzo. Si te quedas sin aliento después de subir las escaleras, te sientes pesada en tu bicicleta o el mínimo esfuerzo te agota, puede ser una señal de que tu cuerpo necesita volver a moverse; y si esa falta de aliento es nueva o poco habitual, consúltalo con tu médico. Sin embargo, para recuperar tu peso ideal, no es necesario correr una maratón. Se trata más bien de moverte todos los días, incluyendo al menos 30 minutos de actividad física (caminar, desplazarte en bicicleta, una sesión de gimnasia en casa) en tu rutina diaria. Si además deseas incluir una actividad deportiva regular, ¡mucho mejor! Y tienes donde elegir para encontrar lo que más te guste. Seguro que hay un deporte hecho para ti. Desde la zumba hasta el esquí, del senderismo al boxeo, ¡hay opciones para todos los gustos!
Cuarto consejo: ¡paciencia!
Para recuperar tu peso ideal, hay que aceptar algo: lleva tiempo. No es recomendable querer ir demasiado rápido, sobre todo si es para ajustarse a una imagen idealizada. No sirve de nada adoptar una dieta restrictiva para alcanzar una cifra totalmente arbitraria en la báscula, so pena de pagarlo después con el famoso efecto yoyó. Recuperar tu peso ideal no tiene nada que ver con todo eso: lo mejor es avanzar paso a paso, a un ritmo que respete tu cuerpo. Así que ya puedes olvidarte de las dietas exprés que prometen cambios rápidos en la báscula. Si tienes dudas, pide consejo a un médico o a un profesional sanitario.
Último consejo: ¡quiérete!

Por último, para recuperar tu peso ideal, hay que aceptar. Aceptar tu edad, tu morfología y tu corpulencia «natural», que quizás no corresponden a los cuerpos de moda, pero que son lo que eres. Si tu morfología es naturalmente voluptuosa, al estilo de Monica Bellucci, ¡no tiene sentido torturarte para parecerte a Kate Moss! No solo te harás daño físicamente, sino que también te maltratarás mentalmente. Lo mismo ocurre si tienes 40 años y has tenido 2 hijos maravillosos, pero aspiras a recuperar a toda costa la silueta de tus 20 años. El cuerpo cambia, así que mejor hacer las paces con él de una vez por todas. Lo importante, para recuperar tu peso ideal, es aprender a quererte, conocerte, confiar en tu instinto y saber cuándo te sientes bien. Simplemente en paz contigo misma.
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