Las revistas femeninas, nuestras influencers favoritas, nuestra mejor amiga, la vecina… Todas tienen sus «mejores consejos» sobre la silueta, la piel de naranja y el cuerpo ideal, a menudo acompañados de promesas demasiado bonitas para ser verdad. Sin embargo, aunque nos pese reconocerlo, más vale no hacer caso a muchos de los consejos que circulan por ahí… Algunos son inútiles y otros, incluso, contraproducentes para nuestro bienestar: productos light, cenas que nos saltamos, hidratos desterrados, calorías contadas con lupa, refrescos light, vasos de agua racionados, una dieta tras otra… Aquí tienes las ideas erróneas más extendidas y por qué es mejor olvidarlas y apostar por una alimentación variada y equilibrada.
Optar por productos 0%
Un pasillo entero del supermercado lleno de productos que parecen deliciosos y que, en teoría, no nos harán ganar ni un gramo… Suena de maravilla, ¿verdad? Sin embargo, digan lo que digan, los productos light no tienen por qué ocupar un lugar destacado en tu lista de la compra. Ya sean platos preparados, yogures, postres lácteos o mantequilla, algunos productos llamados «light» pueden contener aditivos. Por ejemplo, un yogur de frutas 0% no tendrá grasa, pero a veces lleva azúcar añadido. Por eso conviene echar un vistazo a la lista de ingredientes de tus productos light… ¡Puede que descubras que no son tan «ligeros» como parecen!
Saltarse la cena
Entre las peores mentiras, se suele decir que la cena puede suprimirse, ya que no gastamos energía durante la noche. Sin embargo, cada comida del día tiene su importancia, ¡y la cena no es una excepción! El desayuno es imprescindible: le devuelve a nuestro cuerpo la energía que necesita tras una noche en ayunas. El almuerzo es fundamental, es la comida que nos da fuerzas hasta la noche. En cuanto a la cena, permite que tu cuerpo funcione correctamente durante toda la noche. Al contrario de lo que se cree, gastamos energía incluso en reposo. Si te saltas la cena, lo más probable es que llegues muerta de hambre a la siguiente comida. Por eso, lo mejor es comer 3 o 4 veces al día, equilibrando tus comidas, sin privaciones ni excesos.
¿Y los muslos, durante la noche?
A veces se oye que, si te saltas la cena, el cuerpo tira de sus reservas mientras duermes, sobre todo en los muslos. Como acabamos de ver, nuestro organismo sí gasta energía en reposo. Pero nada indica que pasar la noche con el estómago vacío actúe sobre una zona concreta. Privarte por la noche, sobre todo, te dará hambre y hará que acabes compensando en la siguiente comida.
Así que lo mejor es mantener una cena equilibrada y apostar por buenos hábitos en el día a día.
Eliminar los hidratos de carbono

Los hidratos de carbono suelen ser los primeros en desaparecer del plato de quienes quieren cuidar su figura y su piel. Sin embargo, ¡tienen un lugar perfectamente legítimo en una alimentación variada y equilibrada! Estos alimentos aportan hidratos de carbono complejos y forman parte de muchos platos de nuestro día a día. En la práctica, una comida completa puede combinar hidratos, verduras y una fuente de proteínas, para lograr un plato bien variado. Para hacerlo bien, opta siempre por los hidratos integrales, como el arroz integral, la pasta integral o el pan integral. Estos están menos refinados y son más ricos en fibra que sus versiones «blancas». Y ya lo sabéis, chicas: los azúcares añadidos conviene tomarlos con moderación. Piensa también en las lentejas, los copos de avena, la quinoa o los garbanzos. En definitiva, varía los hidratos de carbono, pero no los elimines de tu alimentación.
Contar calorías, una de las mentiras que debes olvidar sin falta
No podemos hablar de las peores mentiras sin mencionar esta: el conteo frenético y compulsivo de cada caloría ingerida. Al contrario de lo que podría parecer, las calorías no son nuestras enemigas. Son ellas las que aportan a nuestro cuerpo la energía que necesita cada día. Si al reequilibrar tu alimentación puede ser útil saber cuántas calorías deberías consumir de media al día, ¡no debes convertirlo en una obsesión! Lo importante no es solo el número de calorías de un alimento, sino también su composición nutricional. Por ejemplo, compara una manzana con un puñado de chuches. Ambas contienen unas 100 calorías. Sin embargo, mientras la manzana te aportará fibra, las chuches te aportarán sobre todo azúcar y aditivos. Así que ya te lo imaginas: en una alimentación equilibrada, es mejor elegir la manzana antes que las golosinas, aunque ambas tengan el mismo número de calorías…
Beber refrescos light

Ya hemos visto que, entre las mentiras que conviene olvidar, está el consumo de productos light. ¡Las bebidas no son una excepción! A pesar de sus bonitas promesas, los refrescos light no tienen por qué ocupar un sitio fijo en tu nevera. En estas bebidas, el azúcar se sustituye por edulcorantes y aditivos. Te recomendamos cambiar los refrescos por zumos de frutas caseros o aguas con fruta, frescas y deliciosas.
No beber demasiado para evitar la retención de líquidos
Aunque este consejo pueda parecer lógico a primera vista, ¡tiene todo el mérito de figurar en esta lista de las peores mentiras! Limitar el agua que bebes no es buena idea: nuestro cuerpo necesita estar bien hidratado cada día. ¡Así que hay que beber lo suficiente a diario! El mínimo recomendado es 1 litro de agua al día, aunque puedes beber más si lo necesitas. No dudes tampoco en tomar alimentos con alto contenido en agua, como el pepino, el melón o la sandía. Beber suficiente forma parte de unos hábitos de vida equilibrados, también cuando te preocupa la piel de naranja. Si notas hinchazón molesta o incluso dolorosa en las piernas, u hormigueos, consulta a tu médico.
Una de las peores mentiras… ¡hacer dieta es eficaz contra la celulitis!

Para cerrar esta lista de las peores mentiras —las que debes olvidar de inmediato—, hablemos de las dietas. Existen infinidad de dietas, pero todas tienen algo en común: se basan en la privación. El principio de una dieta es reducir drásticamente el aporte calórico, apostándolo todo a la restricción y a la esperanza de ver moverse la cifra de la báscula.
Si bien esto suele funcionar bastante bien al principio, tu cuerpo se acostumbrará rápidamente a esa privación y aprenderá a funcionar con menos energía. No solo dejarás de perder peso, sino que además podrías sentirte débil y cansada en el día a día.
El segundo problema de las dietas es que no son sostenibles a largo plazo. En cuanto retomes una alimentación normal, corres el riesgo de volver al punto de partida y, además, con una sensación de frustración. Además, privarse no tiene nada de rutina de cuidado: es mejor apostar por una alimentación equilibrada, actividad física regular y masajes para cuidarte.
En la práctica, aunque la báscula se mueva, ¡puede que la piel de naranja siga ahí! Para terminar, hacer dieta genera muchas frustraciones: pierdes el placer de comer y cada «exceso» se convierte en una catástrofe… Para evitarlo, nada supera una alimentación sana y equilibrada, más fácil de mantener en el tiempo y que acompaña tus esfuerzos contra la celulitis.
¡Ahora ya sabes que estas mentiras son las que debes olvidar, chicas!
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Categorías útiles: Alimentación para adelgazar, Alimentación anticelulítica.








