Los farináceos engloban numerosos alimentos como la pasta, el pan, los cereales, las legumbres… Con demasiada frecuencia tendemos a considerarlos enemigos y a eliminarlos de nuestra alimentación para adelgazar y combatir la celulitis, pero ¿tenemos realmente razón? Veámoslo juntas…
¿Qué son los farináceos?

Los farináceos naturales son el trigo, el maíz, las lentejas, etc. Luego encontramos todo lo que contiene farináceos transformados, como la pasta, el pan, la bollería… Contienen azúcares lentos (o azúcares complejos) y se prestan a numerosas preparaciones, del desayuno a la cena, para componer comidas variadas. Son ricos en fibra, vitaminas del grupo B y sales minerales.
Los farináceos son relativamente calóricos, pero permiten al cuerpo recibir la energía necesaria para su funcionamiento. ¡Son tan importantes en la alimentación diaria como las frutas y verduras!
¡Acabemos con los mitos!

Aunque tienen mala reputación entre muchas mujeres que desean cuidar su silueta y su piel, y que llegan a suprimirlos por completo de su dieta, ¡los farináceos merecen de sobra ser rehabilitados! Al contrario, bien elegidos y bien cocinados, tienen su lugar en comidas equilibradas y apetecibles.
¡Y hablemos del picoteo! ¿Quién no ha caído alguna vez en el picoteo descontrolado tras seguir una dieta demasiado estricta en la que los farináceos estaban prohibidos? Ya lo sabéis, chicas: el picoteo se cuela muy fácilmente en nuestro día a día. ¡Más vale entonces prever comidas completas y regulares, para mantener un ritmo alimentario bien estructurado y verdaderos momentos de placer en la mesa!
Además, los farináceos se preparan de mil y una maneras en nuestros platos. Si optas por farináceos integrales, aprovechas también su fibra, que tiene su lugar en una alimentación equilibrada.
¿Qué cantidad de farináceos deberíamos comer?

Según algunos estudios, sería recomendable consumirlos 3 veces al día, y que representen aproximadamente el 30 % de nuestra ingesta alimentaria total. Sin embargo, ¡cuidado!, no se trata de darse un festín de pasta carbonara en cada comida.
Hablamos de farináceos acompañados de verduras y proteínas. Porque si los farináceos tienen tan mala fama, es a menudo porque los consumimos de forma incorrecta, en exceso o con acompañamientos poco adecuados. Ten en cuenta que los farináceos deben representar un cuarto de tu plato (otro cuarto serían las proteínas, y la mitad restante, verduras).
Y, por supuesto, para no aburrirse y aprovechar sus múltiples beneficios, variamos los farináceos: arroz integral, pasta integral, tupinambo, boniato, legumbres, patata, etc.
¿Cuáles son los mejores farináceos?

Para aprovechar todos los beneficios de los farináceos, opta por sus versiones integrales. Arroz integral, pasta integral, pan integral… Aportarán a tu organismo muchos más nutrientes que sus versiones «blancas». ¡Adiós, pues, a nuestra querida baguette!
Para el desayuno, no podemos dejar de recomendarte el pan integral o los copos de avena, que encajan fácilmente en un desayuno equilibrado.
El arroz integral, por su parte, tiene su lugar en un plato variado.
Si te gusta la pasta, no te prives. Simplemente, procura consumirla de forma saludable, con hierbas frescas, especias y una cucharada de aceite de oliva, por ejemplo.
También puedes variar con farináceos menos conocidos, como la espelta, el mijo, el bulgur…
Pero los farináceos son también las legumbres: garbanzos, lentejas, habas, alubias rojas… Repletas de fibra y proteínas, son alimentos que conviene incluir con regularidad en una alimentación variada.
Y por último: los tubérculos, es decir, las patatas, los boniatos, el ñame o el tupinambo. No dudes en incorporarlos, pero prefiere los boniatos a las patatas, dado su menor índice glucémico.
Lo que debes recordar
- Opta por farináceos en versión integral, preferiblemente sin procesar, y tómate el tiempo de comerlos acompañados de proteínas y verduras
- Puedes consumir farináceos en el desayuno, la comida y la cena si lo deseas
- Presta atención a los acompañamientos salados y dulces: sí a las verduras o las frutas, más moderación con la mantequilla, el queso o la crema de untar.
- Prefiere las cocciones sin materia grasa
- Prefiere las cocciones «al dente»
- En la comida y/o la cena, llena tu plato con ¼ de farináceos, ¼ de proteínas y la mitad de verduras
- Varía los farináceos: copos de avena, pan, pasta, arroz, quinoa, bulgur…
Ya lo has entendido: ¡los farináceos son tus amigos! Consumidos con moderación, bien elegidos y bien acompañados, tienen su lugar en una alimentación equilibrada. ¿La clave? ¡Disfruta, varía y equilibra!
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Categorías útiles: Adelgazar vientre, Alimentación para adelgazar.
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