Pérdida de peso El sun-eating, ¿nueva tendencia adelgazante peligrosa?

El sun-eating, ¿nueva tendencia adelgazante peligrosa?

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Adelgazar a cualquier precio… eso es exactamente lo que está en juego aquí. Las tendencias adelgazantes extravagantes, incluso peligrosas, se multiplican al mismo ritmo que los dictados se imponen. La última en llegar nos viene de China y responde al sugerente nombre de sun-eating. ¿En qué consiste esta práctica que, como su nombre indica, preconiza « comer el sol » para adelgazar? ¿Cuáles son sus riesgos?

¿Qué es el sun-eating?

El sun-eating (literalmente « comer el sol »), también llamado sun-gazing (« mirar fijamente el sol ») es una tendencia adelgazante nacida en China, muy de moda en Hong Kong. El principio, bastante extravagante, consiste en ponerse de cara al sol y « alimentarse » de sus rayos, supuestamente capaces de actuar como sustituto de una comida.

Los practicantes, principalmente mujeres de entre 20 y 30 años, recomiendan comenzar con una sesión de 10 segundos, e ir aumentando 10 segundos cada día hasta alcanzar 44 minutos de exposición solar (es decir, 9 meses). Otra recomendación de los gazers (los adeptos al sun-eating): el sun-eating es más fácil de empezar por la tarde, durante la puesta de sol, y permitiría prescindir de la cena. Así, no es raro asistir a un curioso espectáculo al caer la tarde en las playas de Hong Kong: decenas de jóvenes mujeres, equipadas con gafas de sol, sombrillas o mascarillas, agolpándose para ponerse de cara al sol y mirarlo fijamente durante largos minutos.

Por último, sus adeptos mencionan otros beneficios: además de su efecto « saciante », que permitiría en última instancia perder peso, el sun-eating tendría propiedades terapéuticas. Permitiría regenerar la agudeza visual, favorecer el sueño y mejorar la calidad de vida en general.

¿Permite realmente el sun-eating adelgazar?

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Hoy en día, nada demuestra la eficacia de esta práctica. Los gazers se apoyan en un postulado completamente erróneo: los rayos solares sustituirían a la comida y favorecerían el gasto calórico. Pero los profesionales de la salud y los científicos son unánimes: ¡no es así en absoluto! La exposición al sol no puede sustituir a una comida, ya que no aporta ningún nutriente esencial al cuerpo.

Incluso advierten contra el sun-gazing, que podría agravar los trastornos del comportamiento alimentario, empezando por la anorexia. De hecho, la práctica implica saltarse una comida cada día. Esta restricción alimentaria sistemática puede acabar repercutiendo en la manera de concebir el acto de alimentarse. Este deja de percibirse como algo normal y saludable, necesario para la vida, para convertirse en un enemigo que combatir.

¿Cuáles son los otros peligros del sun-eating?

Otros profesionales de la salud también se alarman ante esta práctica. Empezando por los dermatólogos, que alertan sobre los posibles efectos negativos en la piel. Una exposición solar prolongada y diaria, incluso con protección, puede provocar múltiples daños: quemaduras solares, un envejecimiento prematuro y, en última instancia, cánceres de piel.

Los oftalmólogos tampoco se quedan al margen: mirar el sol de forma prolongada, incluso con gafas de sol, puede dañar los ojos. Con el riesgo de desarrollar patologías graves, como una lesión irreversible de la córnea, cataratas, degeneración macular

¿Qué hacer para adelgazar sin poner en peligro la salud?

La primera respuesta que se nos ocurre es, por supuesto, no practicar el sun-eating. Más en serio, el proceso de adelgazamiento duradero se basa en algunas reglas fundamentales que conviene recordar. La pérdida de peso no puede producirse sin un gasto energético superior a la ingesta calórica. Se trata, por tanto, de comer de forma saludable y suficiente, pero sin excesos, y de moverse lo suficiente mediante la actividad física. Así:

  • no te saltes las comidas y come escuchando tus sensaciones de hambre y saciedad;
  • prioriza los alimentos naturales, no procesados, y cocínalos tú mismo;
  • come de forma sana y equilibrada, sin omitir ningún nutriente esencialfrutas y verduras, hidratos de carbono complejos de bajo IG, proteínas magras, lípidos de calidad en cantidad moderada;
  • evita los alimentos procesados, a menudo demasiado grasos, demasiado azucarados y/o demasiado salados;
  • bebe abundantemente, principalmente agua;
  • practica actividad física a diario y una actividad deportiva regular (2-3 veces por semana);
  • duerme lo suficiente, ya que el sueño influye en el estado de ánimo y en la secreción de las hormonas del hambre y la saciedad;
  • evita las situaciones de estrés, que favorecen el hambre emocional y las compulsiones alimentarias que la acompañan;
  • respeta tu morfología natural y desapégate de las imposiciones de delgadez, que llevan a prácticas tan absurdas como el sun-eating.

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