Entre los superalimentos, uno de ellos es descrito constantemente como una bomba nutricional. La espirulina, porque de ella se trata, es en efecto un tesoro de nutrientes. Muy apreciada por los deportistas como fuente excepcional de proteínas, también es conocida por sus propiedades antioxidantes. Pero ¿puede ser eficaz contra la celulitis? Descubramos esta microalga azul-verde.
¿Qué es la espirulina?
La espirulina (cuyo nombre científico es Arthrospira platensis) es una cianobacteria – a veces llamada alga azul. Antes de convertirse en el «superalimento» que conocemos hoy, era el alimento tradicional de la etnia Kanembou, que la recolectaba en las orillas del lago Chad. La espirulina crece en aguas cálidas, salobres y poco profundas. También tiene una larga historia en la industria agroalimentaria: utilizada primero como suplemento para el ganado, fue empleada después como colorante alimentario, gracias a su riqueza en ficocianina (el pigmento azul que le da su color). En los años 2000 empieza a ganar popularidad: se convierte en una alternativa a la malnutrición en países desfavorecidos, gracias a su alto contenido en proteínas, vitaminas y micronutrientes. Esta buena reputación le vale el favor de los laboratorios y los profesionales de la alimentación. La espirulina se introduce progresivamente como suplemento alimenticio entre los consumidores y cosecha un gran éxito.
¿Cuáles son los beneficios de la espirulina?
Para determinar las virtudes de este alimento excepcional, hay que analizar su composición.
La espirulina es ante todo un 60% de proteínas, más que cualquier otro alimento, y contiene 8 aminoácidos (algunos de ellos esenciales, es decir, que el organismo no puede fabricar por sí solo). Es por tanto un alimento de elección para mantener la masa muscular. Por ello es muy valorada por los deportistas, pero también por vegetarianos y veganos.
Pero la espirulina también aporta vitaminas:
- la vitamina A, que contribuye a la salud de la piel, a la visión y al sistema inmunitario;
- las vitaminas del grupo B, beneficiosas para el sistema nervioso, la inmunidad y las funciones fisiológicas;
- la vitamina E, antioxidante;
- la vitamina K, que favorece la coagulación de la sangre.
Por último, el alga contiene minerales esenciales para la salud, como hierro, magnesio, manganeso, fósforo, selenio, cobre, zinc, cromo y potasio. Así, la espirulina es beneficiosa para la piel y los faneras, el sistema neuromuscular, el metabolismo energético y la presión sanguínea.
¿En qué puede ayudar la espirulina frente a la celulitis?
¿Cómo puede el consumo de espirulina influir en los factores que originan la celulitis?
Por su acción adelgazante: tiene efecto hipoglucemiante, ya que capta parte de los azúcares de la alimentación y previene así el almacenamiento de grasa. Este fenómeno se debe en parte a su contenido en cromo, conocido por su efecto saciante. Ese mismo cromo contribuye además a reducir el colesterol malo en beneficio del bueno. La espirulina es por tanto un excelente aliado para prevenir la acumulación de grasas.
Por su acción detox: la espirulina es un bioacumulador, lo que significa que puede captar toxinas y metales pesados. Un consumo regular podría tener por tanto un efecto desintoxicante en el organismo. Además, rica en magnesio y potasio, es drenante y diurética, y previene la retención de líquidos al restablecer el equilibrio de los fluidos corporales. ¡Muy interesante en caso de celulitis acuosa!
Por su acción cutánea: la espirulina contribuye notablemente a la mejora de la calidad de la piel, tanto por su contenido en antioxidantes como en vitaminas A y E. Neutraliza los radicales libres responsables del envejecimiento cutáneo, al tiempo que estimula la producción de colágeno. Es por tanto un excelente antiedad, y puede resultar eficaz contra la celulitis fibrosa.
Por su acción vascular: la espirulina es beneficiosa para la salud veno-linfática. Rica en vitamina K, contribuye a la estabilidad de la coagulación sanguínea, favoreciendo una circulación sanguínea más fluida.
Por su acción sobre la masa muscular: cargada de proteínas especialmente asimilables por el organismo, la espirulina tiene no solo un efecto saciante, que invita a comer menos y a mantener la saciedad durante más tiempo, sino que también favorece el desarrollo muscular. Y a mayor masa muscular densa, metabolismo más rápido y menor acumulación de grasa.
¿Cómo consumir la espirulina?
En primer lugar, hay que prestar atención a la calidad del producto, ya que en Internet se encuentra de todo. Es preferible elegir un producto de calidad, preferiblemente ecológico y sin urea y cultivado en Francia.
A continuación, surge la cuestión del formato. La espirulina se puede encontrar en forma de polvo o de copos, para añadir a los platos. Pero para quienes no disfrutan de su sabor (a alga), puede tomarse como suplemento alimenticio, en cápsulas o comprimidos.
En cuanto a la cantidad, se recomienda no superar los 3 g al día. Además, se prefiere una toma progresiva: comenzar con 1 g al día la primera semana e ir aumentando gradualmente. Por último, el consumo de espirulina se plantea preferiblemente en forma de curas de 3 semanas a un mes.
Finalmente, existen algunas contraindicaciones. Las personas en tratamiento anticoagulante, con enfermedades cardíacas, que padezcan hemocromatosis, gota o alergia a las algas, así como los niños, no deberían consumirla.