Lo has oído todo sobre el alcohol: engorda, hay que consumirlo con moderación, hay que evitarlo por completo… En cualquier caso, te gustaría saber si tu copa de vino diaria o tus aperitivos del fin de semana tienen un impacto en tu silueta. Para saber más sobre el alcohol y si eliminarlo te ayudará a adelgazar, sigue leyendo.
¿Cuál es el impacto del alcohol en el peso?
1- El alcohol, fuente de «calorías vacías»
Seamos directas y claras: el alcohol engorda. La comunidad médica es unánime: consumir alcohol, incluso en pequeñas cantidades, tiene un impacto en la salud, empezando por el peso. Existen dos causas principales de este fenómeno.
- El alcohol es rico en azúcar: un gramo de etanol (el nombre científico del alcohol) puro contiene 7 kcal, es decir, casi el doble que un gramo de azúcar puro (4 kcal). La copa de vino que te gusta beber en la comida «pesa» por tanto entre 70 y 80 kcal, el equivalente a unos tres terrones de azúcar. Y hay que reconocer que estas calorías son completamente vacías: no aportan nada al organismo, salvo quizás placer. El azúcar del alcohol es, por tanto, un nutriente inútil para tu cuerpo, y acabará almacenándose.
- La propia asimilación del alcohol favorece el aumento de peso: una vez ingerido el alcohol, nuestro cuerpo se apresura a eliminarlo, ya que no le sirve de nada. El metabolismo del alcohol se realiza principalmente en el hígado, que procesa el etanol produciendo ciertas enzimas. Esta acción del hígado no solo tiene efectos negativos sobre la síntesis del colesterol y los ácidos grasos, sino también sobre la combustión de las grasas. Resultado: la asimilación del alcohol favorece doblemente la formación de grasa, principalmente a nivel del abdomen.
2- El alcohol altera la sensación de saciedad
El consumo de alcohol te reserva una segunda sorpresa… ¿Sabías que una simple copita de cava, que creías totalmente inofensiva, altera tu sensación de saciedad? La saciedad es la sensación que experimentamos después de comer, cuando estamos tan llenas que dejamos de comer. El alcohol, sustancia psicotrópica, influye en el cerebro. Actúa, entre otras cosas, a nivel del hipotálamo, una glándula situada en la base del cerebro, e inhibe la producción de leptina, la hormona de la saciedad. El efecto es mecánico: cuando bebemos, tendemos a comer más (¡una media de un 30% más!), ya que la sensación de saciedad se ve alterada…
3- El alcohol modifica nuestras elecciones alimentarias

¿Has notado que cada vez que bebes sientes una atracción irresistible por los alimentos grasos? Y no eres la única: un estudio del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism reveló los vínculos entre el consumo de alcohol y la dieta. Los investigadores estudiaron el comportamiento de 1864 individuos y comprobaron que sus elecciones alimentarias eran diferentes según hubieran bebido o no. Los días de consumo de alcohol, la alimentación es más rica en grasa y sal y pobre en frutas y productos lácteos.
¿Cómo se explica este fenómeno? Es muy sencillo: el alcohol actúa no solo sobre las neuronas situadas en la región del cerebro que regula la ingesta alimentaria, sino también sobre el córtex frontal, sede del discernimiento y el autocontrol. Cuando bebemos, perdemos no solo el control de las cantidades, sino también la calidad nutricional de los alimentos que ingerimos… ¡a menudo para peor! Así que engordamos.
¿Dejar de consumir alcohol ayuda a recuperar la línea?
La respuesta es simple y contundente: sí. Como hemos demostrado anteriormente, el alcohol no solo es calórico, sino que tiene un impacto directo en nuestro comportamiento frente a la alimentación. Si dejas de consumir bebidas alcohólicas, notarás rápidamente un efecto positivo en tu peso y tu silueta. Por supuesto, el impacto de dejar el alcohol variará según tu consumo habitual. Los resultados serán más evidentes en alguien que bebe todos los días que en alguien que consume alcohol de forma ocasional.
Sin embargo, cuidado con la frustración. A largo plazo, podría jugarte una mala pasada y llevarte a compensar el abandono del alcohol con otros consumos igualmente perjudiciales para la línea: dulces, refrescos, fast-food. ¿Cuál es la solución entonces? Quizás el consumo responsable y consciente. Beber una copa de champán en la boda de tu mejor amiga, un cóctel en una noche con amigas o una copa de vino en una buena cena con tu pareja no va a arruinar tus esfuerzos por adelgazar. Lo importante es beber con moderación y solo cuando realmente te apetezca. Fuera el efecto de grupo, los automatismos (como rellenar sistemáticamente una copa vacía) o las excusas (porque no, el alcohol no levanta el ánimo…).
Por último, es fundamental tener presente que dejar el alcohol no es lo único que hay que hacer para adelgazar. Sin una alimentación variada y equilibrada y una actividad física regular, es difícil recuperar la línea.
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